Cuento de los enemigos


Dos enemigos acérrimos, que se odiaban entre sí, navegaban en un mismo bote, uno sentado en la proa y otro en la popa.

Surgió una fuerte tormenta y viendo el barco perdido, a punto de hundirse, el hombre sentado en la proa preguntó al que manejaba la nave con el timón, que  parte de la nave  se hundiría primero.

-La popa - dijo el piloto donde estoy.

-Entonces esteré contento replico el hombre en la proa, pues no espero mi muerte con tristeza, ya que veré a mi enemigo morir justo delante de mi.

Una mezquina actitud es preferir ver soportar daños a los enemigos que preocuparse por los que uno puede recibir.
 

Los sacrificios del comerciante


Un comerciante tenía un altar dedicado en su casa a un semidiós, al que ofrecía ricos sacrificios y ofrendas.

Como no acababa nunca de malgastar en estos sacrificios grandes cantidades de dinero, el semidiós se le apareció por la noche y le dijo:

Buen hombre, deja ya de dilapidar tu riqueza, porque si te derrochas todo y luego te ves pobre, me culparas a mí.

Si malgastas tus riquezas en cosas inútiles y no necesarias, no  culpés de tus problemas a nadie más.
 

La mujer y la gallina


Una ambiciosa mujer  a falta de dinero tenía una gallina que le ponía un para de huevos todos los días del mes.

Creyó que si daba el doble de comida al ave sería capaz de poner un número mayor  huevos, con lo que la alimento fuertemente durante un tiempo.

El resultado fue que la gallina engordó y no pudo poner ni un huevo por día.

Si fuerzas y presionas lo que te es útil  sin los conocimientos adecuados perderás sus ventajas.

 

El murcielago y el ruiseñor


Un ruiseñor estaba encerrado en una jaula, que colgaba de una ventana, solía cantar solo por las noches. Por el aire volaba un curioso murciélago que conociéndolo  se acercó a su lado a descansar y preguntándole  porqué  de su canto solo al terminar el día.

Pues claro que hay una razón - respondió el ruiseñor – el día que  me atraparon trinaba a la luz del día y desde entonces llegue a la conclusión que hay que ser prudente.

El murciélago le replico: - ¡Pues no es ahora cuando debías serlo, pues ya estás enjaulado, sino debiste serlo antes de que te capturaran!

Hay que ser prudente antes de cometer los errores,  no tras la desventura.  
 

Las liebres temerosas


Estando las liebres en reunión se lamentaban entre sí de llevar una vida tan precaria y temerosa, pues, en efecto, eran víctimas de los hombres, de los perros, de las águilas y de otros animales, así decidieron que deberían  morir de una vez que vivir siempre con miedo.

Tomada esta decisión, corrieron hacia un lago  para morir ahogadas todas juntas.

Cerca del lago, había unas ranas que estaban sentadas, cuando oyeron el ruido de la carrera, saltaron temerosas sobre agua. Tras observarlo una de las liebres, que era más astuta que las demás, dijo:

- ¡Alto amigas! ¡No hay porque preocuparse tanto, pues ya veis que aún hay otros animales que tienen más miedo que nosotras!

Para muchos es un consuelo encontrar y ver otros en peores condiciones.
 

La captura del murcielago


Un murciélago bajo al suelo a descansar y fue apresado por una comadreja. Sorprendido y  viéndo cercano su fin, rogó  por su vida, pero la comadreja le comentó que no podía soltarle porque de nacimiento era enemiga de los pájaros.

El murciélago replicó que no era un ave sino un ratón con alas, librándose con esta astucia.

Otro días mas tarde volvió a caer de nuevo en las garras de otra comadreja y pidió que le dejara libre. La nueva comadreja odiaba a todos los ratones y el murciélago afirmó que no era ratón sino pájaro, así que quedo libre  por segunda vez.

Siempre debemos adaptarnos a cualquier situación  para salir airosos de cualquier escenario.

El naufragio de la gaviota, el espino y el murcielago


Una gaviota, un murciélago y un espino decidieron establecer una relación comercial y hacerse socios. El murciélago tenía dinero, el espino unas telas, y la gaviota, una gran cantidad de cobre, con lo cual habilitaron un barco.

Tras una gran tempestad el barco se hundió y perdieron la carga, pero fueron afortunados porque salvaron sus vidas.

Desde aquel fatídico día del naufragio la gaviota revolotea siempre al acecho en las orillas para ver si el mar arroja en alguna playa su cobre; el murciélago, huyendo de sus acreedores, sólo sale en la oscuridad para alimentarse; y el espino, en fin, apresa la ropa de los viajeros tratando de reconocer sus telas.

Nuestro verdadero interés siempre nos lleva por los mismos caminos.


El derrochador y la golondrina


Una persona derrochadora habiendo consumido todo su patrimonio, sólo le quedaba un  abrigo grueso que le protegía del frío.

Sin reconocer la lección de la vida,  este hombre vio a una golondrina que se había adelantado a la estación y creyendo que llegaba la primavera pensó  que  no necesitaría más del abrigo y lo vendió para conseguir dinero. 
Pero el mal tiempo volvió y el aire vino muy frío.

Entonces, mientras caminaba, encontró a la golondrina sobre la calle muerta por el frío y dijo:

- ¡Desgraciada! Con tu equivocación nos has dañado a los dos al mismo tiempo.

Se previsor, una acción efectuada en tiempo inadecuado, puede ser desastrosa.


La paloma y la hormiga


Movida por la sed, una hormiga se acercó a una charca, con tan mala suerte que fue arrastrada por la corriente y corría el riego de  de ahogarse.

Una paloma, al ver el problema, desprendió de un árbol una ramita y la arrojó a la corriente. La hormiga se subió sobre la pequeña rama y logró salvarse llegando a la orilla.

En ese momento un cazador de pájaros se disponía con sus flechas  cazar a la paloma. Al observarlo, la hormiga agradecida por el gesto picó el talón del hombre, haciendolo brincar y soltar su arco, lo cual fue oportuno  para que  la paloma alzara el vuelo y huyera.

Se agradecido y corresponde a los favores que te hagan, pues seguro que alguna vez te hará falta algo.


fabula del pajarillo


Había un pajarillo que continuamente frecuentaba  el mismo lugar de un prado pues iba a picotear los granos que en aquel sitio abundaban. Este pajarillo complacido por el placer de estas pepitas no decidía faltar a su cita ningun día.

Un observador cazador de pájaros observó que el pajarillo acostumbraba bastante a visitar al lugar y le tendió unas trampas que dieron resultado.
Viendo el pajarillo su próximo fin, pensó:

-  ¡por el placer de comer, me he privado de la vida!

No debes exceder de lo que te resulte placentero, pues puede llegar a ser causa de tu desgracia.


El aguila y la culebra


Un águila cazó a una culebra y se elevó por los aires. La culebra por instinto se volvió y mordió al ave, esto hizo caer a los dos desde una gran altura, lo cual mato a los dos.

El último pensamiento de la culebra ante de golpear el suelo fue el siguiente:

- ¡Insensato!  Has querido hacer daño a quien no te lo hacía. En justicia has sido castigado por haberme llevado  sin razón.

No hagas daño a tu prójimo, pues puede ser tan fuerte como tu, aunque no lo aparente.


La gaviota y el pelicano


Desde el aire una gaviota vislumbró un pez de gran tamaño sobre la orilla y esta no se lo pensó fue a por él.  Lo tragó de inmediato con rapidez, provocando un gran daño en su garganta que le origino la muerte.

Al ver a la pobre gaviota tendida sobre la arena,  un pelicano  que pasaba se dijo:

-  Te lo tienes merecido, porque sabiendo de tu capacidad, abusaste de lo que te estaba permitido.

Ten en cuenta tus habilidades y capacidades, nunca intentes sobrepasarlas si no te has preparado para ello.


El potrillo orgulloso


Un pequeño potro recién nacido tenía un fuerte relincho  para su tamaño y edad lo cual lo hacía sentir orgulloso.

Cierto día el potrillo oyó un gran caballo de guerra relinchar, y lo quiso imitar. Pero a pesar de todos sus intentos, no consiguió  igualar la voz del caballo y además perdió su propia voz por el gran esfuerzo realizado.

Así que quedó sin la voz del caballo y sin su antigua voz.

No imites ni actos ni cualidades ajenas sin la preparación y la capacidad necesaria, pues hay gran riesgo de terminar en peor estado que como comenzaste.
 

El ganso y el cisne


Un granjero bastante hacendado  alimentaba a un ganso y a un cisne al mismo tiempo, aunque con diferente motivos: uno era para el canto y el otro para un banquete.

Cuando llegó la hora de preparar el festín para el cual era alimentado el ganso, había caído la noche, y la oscuridad no permitía distinguir entre las dos animales.

Tomado el cisne en lugar del ganso por equivocación, este comenzó su bello canto al ser molestado. Al oír su voz, el amo reconoció su bonito canto, lo reconoció y le salvó de la muerte.

Al decidir sobre alguien, debes asegurar su verdadera identidad para no cometer perjuicios irreparables.