El aguila hambrienta y el ruiseñor


Un ruiseñor cantaba como de costumbre sonando en todo el bosque. Al verlo un águila hambrienta se lanzó inmediatamente sobre el, canzadolo con sus garras.

Viendo su fín  el ruiseñor le rogó que le soltara, diciéndole que era muy pequeño no siendo suficiente para llenar su vientre, y que si en verdad tenía hambre, debería de apresar a otros más grandes.

El águila le contestó:

- Necio sería si te hiciera caso y dejara escapar la presa que tengo, por ir a buscar a la que ni siquiera he visto.

No dejemos lo afianzado, por ilusiones que ni siquiera divisamos.
 

El lobo enfermo


Un lobo que se encontraba muy enfermo dijo a su madre:

- Madre, trae a los pastores que ellos sabrán como curarme y ya no llores más.

La madre le contestó:

¿Y cuál de ellos, hijo mío, pensará en ti?

¿Quedará alguno a quien aún no le hayas robado alguna oveja del rebaño?

No hagas enemigos continuamente, pues en momentos de necesidad no encontrarás un solo amigo.

El cuervo y el Dios


Un cuervo que había caído en un cepo prometió a Apolo que le quemaría incienso si lo salvaba; pero una vez liberado
de la trampa olvidó su promesa.

Capturado de nuevo en otro cepo, dejó a Apolo para dirigirse a Hermes, prometiéndole también un sacrificio. Mas el dios le dijo:

Si por nuestra voluntad faltamos a nuestra primera promesa, no tendremos oportunidad de que nos crean una segunda.
 
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El cuervo y la serpiente


Un cuervo con gran hambre vio en el prado a una serpiente dormida al sol; rápidamente cayó sobre ella y la raptó. La serpiente, despertando de su sueño, se volvió y la mordió inyectandole veneno.

El cuervo viéndose perdido dijo:

- ¡Pobre  de mí, que encontré esta pequeña fortuna pero a costa de mi vida!

Antes de querer poseer algún bien, primero hay que valorar si el precio posible a pagar vale la pena.

El perro osado


Un atrevido perro de caza se encontró con un león y partió en su  persecución.

Pero el león cansado se volvió y le rugió, y el perro, todo atemorizado, retrocedió rápidamente.

Un zorro que pasaba por allí lo vio y le dijo:

- ¡ Perro infeliz! ¡ Primero perseguías al león y ya ni siquiera soportas sus rugidos!

Cuando inicies  una empresa, debes estar preparado a afrontar imprevistos que no te imaginabas.
 
 
 

Cuento del reflejo del perro


Cruzaba un río un perro transportando con su hocico un sabroso pedazo de carne. Al ver su propio reflejo en el agua del río  creyó que aquel animal era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo.

 Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.

Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno:
el último porque no existía, sólo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente.

Nunca codicies el bien de otro, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.

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